Romero: usos, propiedades y cuidados en maceta o jardín

El romero (Rosmarinus officinalis) es una planta perenne de origen mediterráneo, muy valorada por su aroma, sabor y propiedades medicinales. Puede cultivarse fácilmente en maceta o en el jardín, siendo resistente a condiciones adversas. Veamos sus múltiples usos, beneficios y los cuidados esenciales para mantenerlo saludable.

El romero se utiliza ampliamente en la cocina para aromatizar carnes, panes, guisos y aceites. También tiene propiedades antioxidantes, antimicrobianas y antiinflamatorias. En infusión, ayuda a mejorar la digestión y la circulación, y se ha utilizado tradicionalmente para aliviar dolores musculares. Además, su aceite esencial es un ingrediente común en cosméticos y productos terapéuticos.

Para su cultivo, el romero requiere pleno sol, al menos 6 horas diarias. Prefiere climas cálidos y secos, aunque puede adaptarse a temperaturas más frescas. En interior, debe colocarse en un lugar soleado y bien ventilado. La falta de luz puede hacer que se vuelva débil y pierda aroma.

El riego debe ser moderado. El romero es resistente a la sequía y prefiere suelos secos antes que el exceso de humedad. Regar solo cuando el sustrato esté completamente seco. En maceta, es esencial asegurar un buen drenaje para evitar la pudrición de raíces. Un sustrato arenoso o pedregoso es ideal.

En cuanto a la poda, es recomendable realizarla regularmente para mantener su forma compacta y estimular el crecimiento de nuevas ramas. Las podas se pueden hacer durante todo el año, evitando los días más fríos del invierno. Se deben retirar las ramas secas o enfermas.

El romero puede vivir muchos años si se le proporcionan los cuidados adecuados. No suele sufrir muchas plagas, pero es susceptible al ataque de cochinillas, ácaros y hongos si hay exceso de humedad o poca ventilación. En caso de cultivarlo en maceta, conviene trasplantarlo cada 2 o 3 años para renovar el sustrato y permitir el desarrollo de las raíces.