Caléndula: cultivo y beneficios para el huerto ecológico

La caléndula (Calendula officinalis) es una planta anual de flor vistosa, muy valorada en la medicina natural y como aliada del huerto ecológico. Sus flores naranjas o amarillas no solo embellecen el jardín, sino que también aportan múltiples beneficios a las plantas vecinas y al suelo.

Cultivar caléndula es sencillo. Prefiere lugares soleados y suelos bien drenados. Se adapta a una amplia variedad de terrenos, aunque crece mejor en suelos fértiles con algo de compost. La siembra puede hacerse directamente en el suelo en primavera, o bien iniciarse en semilleros unas semanas antes de la última helada.

El riego debe ser moderado. Aunque tolera cierta sequía, es preferible mantener el sustrato ligeramente húmedo para una floración continua. Se deben evitar los encharcamientos, especialmente en climas húmedos. Una capa de acolchado puede ayudar a conservar la humedad del suelo.

La caléndula florece durante varios meses si se eliminan regularmente las flores marchitas. Esta práctica, llamada despunte, estimula la producción de nuevos botones florales. Además, se puede podar suavemente para mantener la planta compacta.

En el huerto, la caléndula actúa como planta trampa atrayendo pulgones y otros insectos que podrían dañar cultivos más delicados. También favorece la presencia de insectos beneficiosos como las mariquitas y abejas. Sus raíces tienen efectos alelopáticos que ayudan a mejorar la salud del suelo.

Las flores de caléndula tienen propiedades antiinflamatorias, cicatrizantes y antisépticas. Se emplean en pomadas, infusiones, jabones y tinturas. Las flores deben cosecharse por la mañana, cuando están completamente abiertas, y secarse en un lugar oscuro y ventilado.